
El Jardín del Dolor
Refugio de Vincent Crow
martes 26 de abril de 2011
Con la sangre envenenada

miércoles 5 de enero de 2011
Cantos para la Parca I

Los primeros acordes sonaron, tras la afinación de la orquesta, como una cascada de oscura pasión.
Aquella noche en el teatro sonó una composicón que llevaba siglos sin oírse, concretamente y a despecho del nuevo dueño, la misma obra que se ejecutó antes de la destrucción del lugar.
El teatro contaba con más de trescientos años, y tras la ejecución de una extraña partitura que estaba escrita sobre pergaminos negros con los pentagramas y las notas en blanco, empezó a arder.
Y pasaron años, los troncos de las vigas ennegrecidos, la música arrancada de los negros maderos carbonizados, como un canto fantasmal.
Fue reconstruido, y la obra no se volvió a ejecutar hasta aquella noche. Esta noche.
Mis viejos huesos escucharon el resonar de las notas, se llenaron de ellas, y me volví a erguir entre los vivos. Mis pasos me llevaron por las aún oscuras callejas, la niebla cubriendo mi silueta como un sudario pudoroso y quizás temeroso.
La vieja partitura había aparecido en algún lugar y me reclamaba. El sonido de los violonchelos me impulsaba, los timbales marcaban el ritmo de mi roto y muerto corazón, los clarinetes iluminaban trazos de mi máscara sucia, con la que me enterraron... pero, ¿Do estaban la flautas que daba alas a los dulces pies de... de ella? Debían empezar a sonar, debían traerla de vuelta a las tablas, a... mi... ¿Y mi cisne negro? Mi bailarina tocada con la máscara de perlas plateadas, de pies gráciles, de movimientos fluidos como las aguas estigias en las que la había llorado tantos años... Si el encantamiento de la música me había llamado de los brazos de la Parca, a ella debería sucederle igual... Por favor, por favor, que venga...
Pero antes de llegar a la plaza que se abre al teatro, una presencia me frena... es ella. No mi dulce Cisne, es la Parca.
Los violines preparan mi entrada, mi intervención, me reclaman en una cuenta atrás medida en negras, fusas y semifusas, bemoles y sostenidos, "Por favor, ven, te toca" parece decir. Y la Parca habla sólo para mi. Me pide la Canción. Quiere el Canto a cambio de mi Cisne.
Me dispongo a complacerla. La Parca se acomoda, la niebla se espesa y la gente se torna gris, congelada en el tiempo de la vida entre muertos como si ellos fueran los fantasmas.
Siento retumbar la música, y me da el pie. Y de mi garganta sale el Canto. La vieja Canción no pronunciada en siglos. La vieja tonada de amor entre el Cosaco y la Aldeana, entre Romeo y su Julieta, entre don Juan y doña Inés y tantas otras historias de amores malditos y dolientes, trágicos, felices y estremecedores.
Y canto para la parca. Entre la niebla mi canción da forma a las volutas, la mano fantasmal de la doncella, la presencia del enamorado, el Ermitaño en el camino de los dos, los celos, la ambición, el cuchillo, la Desesperación y la Muerte como elemento que al final los une a todos.
Mi canto vibra en mi alma y lo que resta de mi oscuro ser en este torcido relato, se desliza de mí hacia afuera, absorbido por la inerme Parca que me mira con sus ojos de clepsidra.
Se atenúa mi voz. Se callan las cuerdas y los timbales tras el sostenido do final. La Parca sonríe.
Y los metales suenan ligeramente. De entre un capullo de niebla emerge la figura de mi amada bailarina oscura, de pies ligeros y rostro enmarcado por su máscara. Nunca supe quién era en vida, sólo que era mi bailarina.
Y bailó. Bailó como lo hizo para mi en la llanura del Tártaro, en las orillas de Estigia, a lo largo del Leteo. Y sus pies de nuevo me enamoraron, sus pasos, sus saltos y cabriolas, sus ojos que no se movían pese a que el resto del cuerpo sí lo hacía...
Daba igual que la maldición que me sumergió en las tinieblas del Canto de la Parca hiciera prender de nuevo el fuego en las bambalinas del teatro. Ahora todos los del interior serían nuestro coro y corifeo mientras ella baila, y yo canto, y ella se desliza y...

Las llamas lo iluminan todo. Da igual. Ella siguie bailando y mi alma apresada en sus pasos le corresponden. La Parca tiene su Canto, yo a mi Cisne, y los dos, ahora, un corifeo de niebla que nos envuelve hasta el Hades.
Estamos juntos.
miércoles 28 de octubre de 2009
KALT

El bosque no se apiada de nadie. Es duro. Pero más lo es todavía el Señor Invierno. Ahora ella duerme junto a la tenue hoguera, envuelta en sus pieles más una: mi capa de oso.
Me muevo para no aterirme. Me duele todo. La nieve, como un sudario blanco, frío, inclemente, constante, se deposita como un beso silencioso. No hace viento. Todo en calma. La corteza blanca de los abedules me miran en expectante silencio. Sombras que se arraciman. Silencio. Invierno.
Ya no sé si el silencio, la nieve y el Invierno están fuera o dentro, en el exterior, un bosque callado, fantasmas de madera blanca, una fraga de quietud hostil, o en mi interior, una floresta invernal en mi interior, arrasada por el silencio y la nieve que, poco a poco, lo enfría todo. A mí. A ella. ¿Qué pasará cuando el helor apague el último rescoldo y sólo haya nieve sobre unos troncos ennegrecidos, sobre unas brasas agrietadas e irrecuperablemente frías, como piedras?
KALT.
FRIO.
EN EL BOSQUE.
EN EL ALMA.
EN EL CORAZÓN.
NO SE SI ELLA DESPERTARÁ…
martes 1 de septiembre de 2009
El Último Enemigo
Los ecos de la batalla resuenan en mis oídos. Polvorienta, mi vieja espada cuelga de una triste cadena, sobre el hogar.
Envejecido y achacoso, este viejo guerrero se pregunta si todo valió la pena: las batallas, las muertes, el honor, los rangos.
La vida sigue, y ahora comprendo, con los ojos del tiempo y la vejez, que habría seguido independientemente de mis glorias y estrategias.
Ahora estoy herido por algo más profundo que una hoja, que una lanza o una saeta: el tiempo. Qué será de este guerrero que espera la muerte en su hogar solitario, en su silla quejumbrosa ante el fuego, pues el invierno inclemente, el exterior y el interior, el del bosque y la edad lo atenazan y retienen.
Muchos son los amigos que ha visto caer, los que quedaron atrás, retenidos por la tumba, la hoja y la política. Este viejo guerrero los añora, cuando todos juntos, bebíamos y gozábamos. Los asientos vacíos en las tabernas eran cada vez más dolorosos, más agudos, hasta que dejamos de acudir. En la última batalla sólo quedábamos dos de la vieja guardia y, hastiados de la muerte, la sangre y el honor de la batalla, sólo buscábamos la muerte del guerrero, su último orgullo. Sólo uno lo encontró. Y no fui yo.
Y entonces volví al hogar, donde nadie me esperaba. Mis hijos, muertos o en otros países. Mi mujer enterrada tiempo ha, a la que dediqué menos tiempo que a mi espada. Ese pedazo de metal que cuelga ahora, silencioso, que tantas vidas ha segado y que debería estar tinta en sangre, que nunca me ha dado nada, salvo peligros; que está más amoldada a mi mano que la cara de mi difunta esposa; ese instrumento del que a veces me pregunto se no será el maligno amor de mi vida, no responde a mis lamentos.
Este viejo chochea ante el fuego, con el vaso de cuero en la mano y su contenido insípido, en una casa repleta de fantasmas de recuerdos, con los labios cuarteados y resecos, en los que el hálito del último beso se secó hace décadas, esperando al enemigo final, al inevitable... ¡Muerte, llévame!
Pues ha reconocido a su contendiente, a su invencible enemigo:
Morirá con la lumbre, como un carbón, que en realidad, dá lo mismo si se enciende o no, si es honorable o no. Morirá.
jueves 9 de julio de 2009
Alleine Zu Zweit
Desde la única ventana en la que arden las bujías de ve la silueta; un violín gris sujeto entre las expertas manos, que ejecutan los rápidos movimientos, arrancando, acariciando las cuerdas los bellos sonidos que se deslizan torre abajo. ¿Por qué? ¿Por qué toca a la oscuridad... ? Por ella
Sus labios musitan unas palabras...
"Danza, mi vida, danza"

Y es cuando ella aparece. Tímidamente, desde detrás de uno de los azules fuegos fatuos, en el centro de uno de los Círculos del Diablo. Sus pies tocan, con una sensación de frescor, la tierra húmeda. Escucha la música, o las palabras de él, y se estremece. Sus piernas empiezan a ejecutar pasos de ballet. Su cuerpo se arquea, alzado por las notas, por la música. O por las palabras de él.
"Alleine zu Zweit"
"Solos los dos"
Ella Danza para el mientras el sonido del violín gris cae como una cascada dese la torre, envolviéndose en la música, o en las palabras de él. Y cuando el violín cesa su música,
"Danza conmigo"
tanz mit mir,
tanz mit mir noch einmal
in den pure Rausch der nackten Liebe"
"Danza, mi vida, danza
danza conmigo,
danza conmigo una vez más,
en este puro éxtasis de amor desnudo"
"Solos los dos"
Y el violín gris retorna a su funda, esperando renovar el hechizo para poder verla Danzar una vez más, elevándose en su amor.

*De la canción Alleine zu Zweit de Lacrimosa.
viernes 29 de mayo de 2009
Perdidos en lo Profundo

Cuenta la llamada conspiranoia que unos radioaficionado italianos, a la sazón, los hermanos Achille y Giovanni Judica-Cordiglia, pudieron acceder a las frecuencias soviéticas relativas a los programas espaciales. Y en 1.960 captaron el SOS de un objeto que se alejaba cada vez más de la órbita de la Tierra.
En 1.961 captaron una segunda transmisión, atribuida a Ludmilla Tokovy, la pirmera mujer cosmonauta, -supuestamente- en la que afirmaba en la entrada a la atmósfera se estaba quemando.
¿Os imagináis?
El frío espacio, indiferente, como el único testigo de tus gritos, de tu agonía. Tu cuerpo flotando suavemente en la nada.
¿Dónde llegará tu cadáver, antes de qeu el traje se descomponga y se destruya, esparciéndo tus restos? ¿Se estrellará contra la Luna u otro satélite que no lo destroce por la gravedad? O símplemente girará lentamente hacia ninguna parte...
Uno de los grandes miedos de los seres humanos es morir solos. Pero morir en la nada, en un lugar en el que nadie puede ayudarte, un lugar dónde sólo las frías estrellas te contemplan, dónde cuentas cada segundo de oxígeno que te queda... o no.
La aceptación.
Aceptas que invariablemente vas a morir. Que sucederá, de eso no hay duda. Y miras lo que puedes abarcar, y sabes que es más de lo que eres capaz de asimilar. Te sientes cuasi microscópico. ¿Encontrarán otros seres mi cuerpo, helado y descompuesto? ¿Qué pensarán? Seguramente que me lo merecía.
Soy el cosmonauta perdido en lo profundo de un espacio negro y hostil, helado e imperturbable.
A veces, en la vida, uno se siente así. Perdido en lo Profundo.
martes 21 de abril de 2009
Poema Breve
De las profundas simas
Animas extrañas se arraciman a un son.
Druidas oscuros cantan sus llamadas
Invocan a la reina oscura.
Reina que descalza baila
Ungida con la sangre de mil hombres
Corcovea en un campo yermo
Surge su voz en respuesta a los hechiceros
Oropel negro, inclús de sangre que alberga un grito.
Ningún enemigo acecha en la llanura,
Inmóvil permanece el bosque ante el vigía.
SPQR reza su estandarte.
Zarandeado por el viento, el legionario despierta.
Un oscuro espíritu danza ante él.
Largos aullidos de venganza y carnicería surgen de entre los árboles.
Y el caos se libera
Aullan los hombres
Hecatombe contra los invasores.
Ondean ahora rasgados pendones entre las llamas
No osarán volver al límite del bosque de los Druidas.
